domingo, mayo 21, 2006

Lili y Ana

Tendí la cama, simbólica evidencia de no querer tener un desorden sexual, anteanoche soñé algo que no recuerdo, pero los rastros singulares de ese sueño, hacen clic con la realidad, es como cuando ves algo parecido y recuerdas.

No sé por qué, tengo imán para que se me acerquen las personas extrañas, frías, prácticas y simples, parecidas a mi, o por lo menos intentan serlo cuando estoy con ellas.
Nuevamente sola, ni una amiga, ni una llamada, una noche de sábado decrépitamente taciturna, pero mi demonio Lili, espera a que el enemigo se acerque, para atacar en el momento preciso y parecer la suculenta presa.

Por inercia decido caminar hasta un parque en un busca de fuego, miro alrededor, alguien fuma pero no me da la confianza suficiente para pedirle el favor. Reanudo el camino de regreso, me resigno a no convertir en ceniza mis cigarros, cruzo una plaza de canteras donde regularmente me siento, veo el cielo lluvioso y consumo el tiempo en un tabaco.
Alguien del otro lado de la calle salió de un café, miro de reojo, compara nuestra condición, yo sola, él solo, por unos momentos no doy importancia, hasta que se adelanta y veo la luz de su encendedor, encuentro la posibilidad de prender mi cigarro, me llega el aroma de MariJuana, él voltea, me ve por unos segundos y sonríe, Lili continúa e incita con la mirada, Ana reprime y corta el momento mágico del cortejo.
El hombre se sumerge entre los arquitos, yo sigo mi camino, sé que en unos instantes él estará detrás de mi, segundos después, reacciona, sale con pasos apresurados de los arquitos y camina tratando de alcanzarme, justamente diez pasos antes de que abra mi coche y me retire con la Ana resignada y mojigata, que siempre esta chingando en que debo de cuidar mi reputación. Lili, la manda al cielo, porque es demasiado santa para ser yo.
- oye, ¿sabes que horas son?
- No lo sé, creo que como las díez.
- ¿por qué tan sola?
Lili, gana nuevamente la batalla y dice que Ana, ya gobernó por mucho tiempo, las buenas costumbres, las noñerías torturosas de la abstinencia, quedaron en la niña bien portada, e hija de familia. Es hora de salir, es hora de aprovechar el tiempo que se acaba.
Me da gracia, Roberto sigue el protocolo de preguntas para romper el hielo; hombres, siempre con las mismas tácticas, primero la hora, después los comentarios obvios para confirmar mi celibato, luego los cuestionamientos de relleno, de qué me gusta hacer y quién eres, para finalmente caer en lo obvio.
Caminamos por las calles, con nuestras respetivas humaredas en la boca, cae ligeramente una lluvia, él recuerda mi nombre, pocas personas se lo aprenden, le digo; Roberto con la maestría de un viejo cazador, calcula mi edad y descubre algunas cosas con bastante tino, supongo que se debe a que nos parecemos en alguna medida.
¡Ay Liliana! Debiste ser hombre, me dije en mis adentros. Llega el momento de la despedida, él me pide mi teléfono, lo pienso por unos segundos, finalmente se lo doy sin pedir el suyo.


Geisha

5 comentarios:

Manuel Dávila Galindo Olivares dijo...

el problema con las lilis es que siempre se humedecen mas las ideas que otra cosa...

Indigente Iletrado dijo...

El ritual que entablas es tan laborioso que no deja voluntad para más. Aunque supongo que tampoco cooperan.

Siempre pierdo el encendedor.

¿Y si yo te pido fuego? ¿si te piden cómo reaccionas?

Infernarium dijo...

Yo solo llego y te digo "Hola!"

Sator dijo...

Otra posibilidad interesante sería llegar y decir; hola me llamo x, y me gustaría hacerte el amor.
El problema es que dicen que en promedio recibes cuarenta y nueve mentadas y cachetadas antes de que te den un sí.mmmmmmm
Me siento como perdido ¿y porque -en ves de citicar la torpeza de los hombres- no nos dices como te gustaría ser ligada? Así le das a éste blog un matiz educativo.

Anónimo dijo...

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