
Soy de las que creen, que hay lecturas que tienen su momento para leerse, es decir tienen su momento preciso para entenderse, es como la clásica pregunta que hacen los no lectores, a los escritores que promocionan un libro en esas conferencias donde se nos critica hasta el hartazgo que somos un país de soquetes que apenas leemos un libro al año; ¿Con qué empezar a leer?, mientras el escritor le recomienda algún título que para su gusto cree es el adecuado, puede que aquel no lector, de acuerdo a sus gustos le agrade, o que lo termine odiando u opinando que no le encontró nada de interesante puesto que no lo encuentra compatible con su entorno individual, y dado nuestra naturaleza de desprestigiar lo que no nos gusta, digan “es una porquería”.
Yo soy de las personas con cierto retraso mental, que se le dificultan las cuestiones que no puedan hacerse reconocibles con el mundo social, gnóstico, ideal, etc, que vivo; recuerdo que siendo una morra tomé un libro de Nietzsche y por más que lo leía y releía no entendía ni pio, esa vez me lo recomendó un tipo que según le había hecho cambiar su visión, y yo, curiosa, quería experimentar lo mismo; mi edad, mi experiencia me lo impedía. Otro caso fue cuando una amiga, muy inteligentosa, me dijo que el libro más maravilloso para ella era Demian, de Hesse, vagabundeé por él dos o tres veces y no le encontré nada extraordinario; o puedo hablar de mis pendientes con Borges, que lo he dejado reposar en mi librero, para retomarlo cuando me sienta lista. Algo parecido me ocurrió con Rulfo, fueron años de conflictuarme con él, hasta que encontré la manera adecuada de comprenderlo, mirar al campo, o conocerlo a través del cine.
Pero realmente inicio con un tema del que no iba a hablar… hace tiempo escuchaba una discusión, de esas en las que no opino y me dedico a escuchar o ser espectadora, sobre ¿qué tan dueño es el escritor de su texto cuando se lee por otros?, el lector se vuelve dueño también de esas palabras cuando las comprende, asimila, y lo hacen pensar, pero yo añadiría algo más, se adueña de ellas cuando cree que hay algo de si mismo en estas, por eso que el acto de leer sea un acto muy sugestivo, individual, donde incluso pareciera que se discute o dialoga, entre el lector y el escritor.
Por otra parte, llegué a esta reflexión cuando en cierto blog, un sartal de mujeres se adjudicaban un escrito, una elegante prosa con tintes de enamoramiento, me hubiera encantado entrar en la controversia y ser una de esas tantas defensoras de “es mío y punto”, pero por más que lo deseaba, no había pruebas de que estuviese en esas letras, ningún rastro, ninguna sombra de mi empatía ahí, no tenía caso defender lo que ni siquiera podía hacer mío.
Posteriormente, regresé y vi otro texto, largo, de esos a los que dedico tiempo , mucho tiempo, mucha saliva, y le doy filo a los dientes de mis neuronas para masticarlo, no era un prosa romanticosa, no tenía las palabras bonitas como el anterior, pero ahí si pude encontrar residuos de mí, y aclaro, no porque diga que quien lo escribió, lo hizo pensando en mi, sino porque pude apropiarme de lo que decía, pude traducir esas palabras con lo que vivo, de ahí que sea creyente que hay lecturas que comprendemos más que otras, de acuerdo por el momento que pasamos.
El texto habla, o por lo menos lo que comprendí, sobre el valor del hombre de acuerdo a su capacidad productiva, las situaciones que el capitalismo ha ocasionado gracias a su laissez faire, donde el exceso de libertad se convierte en algo tal letal, como no tenerla, un mundo donde hay muchos más trabajos, pero mucha más gente que se abarata, para conseguir subemplearse y para ir medio viviendo, ya no vivir cómodamente, sino sobrevivir con un sueldo de hambre, en Oaxaca eso no es novedad, mientras a los empresarios les formas una gran riqueza, te pagan mil veces menos de lo que vale tu trabajo (creo que me traumé con Marx y su plusvalía).
Desigualdades como esas, provoca reacciones, movimientos populares, gente armada, manifestantes en calles, lucha, protesta, represión (hablando del conflicto de Oaxaca), gente y más gente inconforme.
La situación del desempleo en gente mayor, es una de las tantas marginaciones, exclusiones que frustran a muchas personas, refiriéndome a un caso que se me vino a la mente, mi madre, una ex contadora desempleada por un recorte de personal, muchos años estuvo consagrada a su trabajo, al que puedo decir amaba tanto como a sus propios hijos. Tras salir de una rutina con diez horas días de laborar, tardó o tal vez nunca ha aceptado que le despidiesen, era feliz haciendo lo que hacía, ella me ha confesado que todo lo que luchó por terminar una carrera, se había ido a la basura con su trabajo; creo que desde ahí empezó a enfermarse más, adelgazó y le puso más aumento a sus lentes.
Pero no todo fue catastrófico, recuperé a mi madre cuando tenía quince años, hizo lo que nunca pudo cuando trabajaba, me fue a dejar a la escuela, fue a los diez de mayo, y hasta hizo la comida entre semana y tendió su cama, cosa inédita en años anteriores.
Encontré una tarea muy larga, Hobsbawn de lo que recuerdo, fue con quien aprendí a odiar a los judíos, ¡ah como duele la historia con él!, recordé que no me gusta la economía, y tengo una cita pendiente con El capital, con Giddens, incluso le pediré un nuevo paseo a Dieterich para que me ayude con ese lingüista al que le traigo ganas, o podría suprimir todo esto y ¿poner barricadas en las calles?, creo que ya las puse en mi cabeza.
Supongo que por eso nos gusta leer tanto cosas de sexo, definitivamente nos encontramos ahí salivando, gimiendo, chaqueteando la cabeza con letritas, desestresando el estrés.
Todo el texto es tuyo, si llegaron hasta aquí, tal vez pudieron apropiarse de algo, tal vez encontraron una negativa para mis afirmativas, pero ciertamente como ocurre con los textos largos, pocos llegan a adueñarse de él. Me dará mucho gusto haber dialogado contigo, si es que te masticaste algunas palabras de esta humilde y copiona servidora, que piensa con motivo que otros piensen.
Geisha