miércoles, agosto 16, 2006

Muerte... un deseo ambicioso

No sé mucho de la muerte, pero si me he muerto un par de veces.

Recuerdo al Julito de Sabines con el conejito muerto…

No se mueve papá, está muy feo.
-¿lo tiramos a la basura?
Si, tíralo papá.
Y no creo que nadie diga algo mejor acerca de la muerte y de la vida.

O la procesión del entierro, donde un campesino chiapaneco carga solitario en la calle una cajita donde lleva a su hija muerta, mientras tras él una fila de automóviles no se atreven a rebasarlo.
O cuando a su padre, el mayor Sabines le inyectan vida contra el cancer.
O las ocasiones que en los programas estadounidenses devaluan a la muerte, santificando al héroe mientras haya matado a muchos malos.
O los programas que se mofan con humor negro la inutilidad de los ritos funerarios.
O las veces que en series animadas matan y reviven a los buenos.
O a Monsieur Verdoux que después de asesinar a todas sus esposas para quedarse con su dinero y es condenado a la orca, dice al jurado que los números santifican, mientras unos matan a grandes masas y no se les condena, ¿qué tanto mal puede causar un asesino de mujeres infelices?
O a
la Viridiana de Buñuel que tras ser causa del suicidio de su tío, intenta mitigar su culpa ayudando a infelices que terminan carcomiéndole las buenas intenciones.
O las caricaturas de Posada, poniéndole cara amigable a la calaca.
O las tantas veces que no he querido ir a funerales y también por las que me arrepentí de no haberlo hecho.
O las veces que fui porque mis amigas lloraban por sus padres, madres o abuelos fríos.
O por las muertes ficticias por las que he llorado mares, gracias a Lars Von Trier con Bjork, Amenábar con Tom Cruise, o Ismael Rodríguez con Pedro Infante por el Torito, por Marcelino pan y vino, por Anthony con Candy, por mencionar las que se me vienen a la mente.
O a mamá llorando con Gosth y Patrick Swayze.
O el granito de mostaza que muere para dar más vida.
O el rosario, las velas, las flores, las voces en coro que tanto me gustan de los rituales, las palabras de un sacerdote, el panteón, el hoyo de tierra, los sepulteros tapando con ayuda de palas, los muchos rostros rojos de lágrimas, las muchas frustraciones de los vivos por no haber hecho con los ahora muertos, la ropa oscura, el rimel de lagrimas negras, rostros demacrados.
O simplemente el hermoso y bello Noviembre de cada año, al que respeto más que cualquier fecha, más que a las aburridas navidades, más que los días festivos, más que cualquier diez de mayo, más que a todas esas fechas a las que todos ponen importancia. Las flores de cempazúchitl, los altares, las fiestas en medio de la nostalgia remembrante.

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Ave Maria llena eres de gracia, señores contigo bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús.

Gloria al padre, gloria al hijo, gloria al Espíritu Santo, Amén.

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Anoche soñé que pasaba por la calle a la que me dirijo al trabajo, en un parque había una criatura que se columpiaba y lloraba a gritos infantiles y dantescos de pleno purgatorio. Pasaba aturdida y con un miedo por tener miedo.

Desperté erguida, en posición de muerta en un ataúd, fría y paralizada por todo el cuerpo, incapaz de abrir los ojos, incapaz de tranquilizarme con la idea de que era una pesadilla.

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Susana es la maestra de física, habla quedito y su cara está llena de lunares, de aspecto masculino, cabello corto, delgada, con una vejez prematura que la viste con zapatos de abuelita y vestidos estampados de la moda de hace una veintena de años; estereotipo perfecto de la brillante en matemáticas, la Lety, la Bety nunca transformada, prueba fiel que esas historias de “la bella y la bestia” son una falacia, ella se quedó soltera y añejada por la soledad.
Nunca asiste a las reuniones de convivencia con los demás compañeros, habla poco y tiene las manos gordas.

En cuanto llegué al trabajo Lolis me dijo que la mamá de Susana había muerto.
Saliendo de la escuela fuimos al velatorio para dejarle una pequeña colecta de dinero que en la que habíamos cooperado cuatro compañeros. Vinos en sus ojos la necesidad de dinero y afecto, cuando Lolis le puso en la mano los billetes, agradeció con un “Dios se los pague”. Nos alarmamos al llegar a una sala casi muerta también.

Susana sin que nadie la abrazara lloraba secándose los ojos con un trozo de papel higiénico que se deshacía como ella en tristeza, sólo había tres señoras más, que son las que se contratan para el rezo y aprovecharon nuestra presencia para que repitiéramos una veintena de rosarios.

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Ave Maria llena eres de gracia, señores contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús.

Gloria al padre, gloria al hijo, gloria al Espíritu Santo, Amén.

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De las cosas que más me ha impresionado leer son las elegías, la catarsis contenida, los sentimientos apenas sutiles y transformados en letras, palabras que son para un inframundo al que idealizamos gracias a Dante. Establecer un diálogo abierto con muertos, a los que insultados, reclamados o halagados, nunca contestaran de la forma humana y sensitiva en la que esperamos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa…
A los que murieron y desenterré con agonía. A la desconocida que tanto le lloró.

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En el ataúd blanco de notoria sencillez, una anciana se asomaba con la boca tapada en algodón, de piel oscura y vestimenta clara. Dormida y cerrando los ojos simplemente.

Pensé en el día de mi muerte, al que espero asistir orgullosa de ser directriz. Pensé también que sólo en los rituales de muerte, rendimos el merecido o inmerecido homenaje de ser grandes, como en vida nunca lo fuimos.

Solo me aterra una cosa: la forma de cómo morir. No me gustan las tragedias de intestinos o tripas deshechas en asfáltos o cualquier superficie, ni las crónicas de muertes marquecianas, ni las camas quejumbrosas de una enfermedad, ni los desastres, ni los hospitales, no pido mucha ciencia o exageración de lo grotesco para morir, solo la forma más simple, inesperada y rápida que pueda haber sin llegarla a establecerla ahora, quiero que en ese momento me pueda sentir feliz de haber muerto como morí.

Geisha

9 comentarios:

Anónimo dijo...

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Geisha dijo...

¡ups! No era granito de mostaza, era de trigo.

Angel dijo...

Huuuuy la muerte el mayor de los misterios que jamas conoceras en vida a mi en lo personal no me da tanto miedo morir si no que se me mueran las personas que amo... medio egoista no? pero pues ese es mi miedo... Besos Geisha

Venezolano1975 dijo...

Santa María madre de dios ruego por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte ame...
Saludos
José

adriana dijo...

Dios te salve Maria, o que esto es para rezar?
Me fascinas...

Clandestina dijo...

Querida Geisha...
Me cautiva la sensibilidad que Ud. tiene para escribir de cualquier tema, este en especial.
Ahora si, como que no aplica lo de las "bragas mojadas"=comentarios, ni modo =(

Besos!

p.d. vamos a olvidarnos de cosas tristes y volvamos a las frivolidades que nos hacen evadir un poco la realidad, sale?

Horus dijo...

Confieso que a mi me aterra la idea de morir en medio de dolores... Espero que sea una muerte rápida e indolora, como la de los reyes -durmiendo.

Indigente Iletrado dijo...

Yo pienso mucho en mi muerte. Es la reafirmación más osada de mi vida. No quiero morirme.

Recuérdame contarte los múltiples escenarios coloridos donde muero.

La muerte debe ser, como sea, un acto íntimo. No una excusa, ni justificación, ni conmemoración. Como el amor, como la risa, como el arte; es complicidad con la vida.

Aunque sea la última.

Heriberto dijo...

Me parece un post sumamente triste y evocador, de la forma como solo una buen escritora logra hacerlo: evdiendo las lágrimas fáciles y de esa manera provocándolas.
Es curioso lo de los posts de sexo y muerte. El sexo surge cuando se acaba la vida eterna, es decir aparece la muerte que afectaría desde ese momento a los seres vivos que ya no se reproducirían fisonándose o fusionándose sino combinándose en una actividad que ahora llamamos sexo.