martes, enero 19, 2010

¿Qué le voy a selvil?

Me llevé casi tres horrendos meses para poder acabar La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky. No por la complicación de la lectura, sino porque el proceso de cambio y asimilación de nuevas ideas venía incluido. Para leer un libro minúsculo de Becket o de Joyce, me tardaría años, además creo que no pretendo sufrir nunca con estos culeros eruditos de su método.
Henry Miller, detonó e impulsó algunas decisiones. El tiempo de los asesinos, hizo demasiado ruido en mí, con la directa influencia de Rimbaud, el poeta francés, y la descripción a detalle de su vida de aventura y de renegado a sus 19 años, tuve suficiente para saber que era necesario salir.
Volví a tomar el librito de Al cumplir ochenta de Miller. La juventud es una ‘vejez prematura’, la vida comienza a tener sentido cuando se es viejo, y más si todavía se puede disfrutar de un buen palo. Amén. Me agrada Miller, mucho más de lo que pueda imaginar. Murió a los 89 años, y anduvo con viejas bellísimas y cultas como Anais Nin (de la que son fan también).
El universo y la naturaleza es sabía, incluso cuando creemos que somos dueños de nuestros actos. Traemos grabado en nuestro ADN, un complejo de egocentrismo muy dañino. Leí los libros necesarios que habrían de alimentar mis decisiones y sobre todo, mantener mi mente más clara, o tal vez más casada y terca a conseguir un objetivo. Ni modo, hay que tomar al toro por los cuernos.
Desde el sábado, alimento mi terquedad, con un cocowash de literatura que me ayude a mantenerme de buen humor. Ahora exploro a Haruki Murakami. Pergentino, hace unos meses me prestó Kafka en la Orilla, nunca tuve tiempo de leerlo, pero ahora, me doy cuenta es el momento, no antes ni después. Un chico de quince años decide irse de casa, vaya a donde vaya no podrá escapar de la tormenta, lo seguirá a donde esté, y lo mejor será enfrentarla, tapándose los ojos, siendo fuerte, porque después de que salga de ella, no será el mismo.
Ayer comí un platón de comida china, realmente barata y sana, la preciosa china, me dijo ¿qué le voy a selvil?, casi lloro cuando probé el primer bocado, ¡he recuperado el apetito! Pensé en mi abuelo, esa comida sabía a mi abuelo.

7 comentarios:

P´PITO dijo...

yo me hubiera tardado 3 años....porque no me gusta la lectura....prefiero el cine, teatro y television

a mi tambien me encanta la comida china, ya me antojasteeeeeeeee!!!

saludos

Bob dijo...

Poco a poco te vas adentrando más en el perverso mundo de la literatura y de pronto te daras cuenta que entre más lees parece que no has leido nada, cuando descubres todo lo que te falta por leer.

servidor dijo...

Ha pasado tanto tiempo que no podía leer un libro entero (por el trabajo, por mis compromisos) que ahora que tengo tiempo me compré dos de un solo tiro y ya los terminé y ando buscando a un primo mío que tiene biblioteca para hacerle un cambio XD

saluotes y buena lectura!

la MaLquEridA dijo...

Se lee interesante Al cumplir los 80, trataré de conseguirlo.


Saludos.

diego dijo...

La lectura de un libro es perder el tiempo. Pero perder el tiempo es lo único que nos queda. Si no lo perdemos nadie lo encuentra. Y si nadie lo encuentra no somos nadie. Filosofia barata y zapatos de goma.

jinshi0 dijo...

Kafka en la Orilla suena interesante a ver si puedo pillarlo

jaja bueno en la comida china solo eh probado los "camarones dulces"

saludos

Pedro dijo...

pues yo te podría prestar El Pájaro que da cuerda al mundo (muy recomendable) y After Dark de Murakami, y tengo algunas cosas más, también te ofrezco alguna invitación a comer para colaborar con una escritora (todo en favor del arte)

zavala.mosqueda.pedro@gmail.com