domingo, octubre 19, 2008

Golpes

Mi cabello ha crecido. El tinte de las mechas rojas se ha debilitado a un color cobrizo. Nunca me había atrevido a cortar y pintarme el cabello, hasta que decidí dejar a Luis. La frecuencia de nuestros encuentros fue nula. Hacer el amor una vez por semana, se redujo a una vez por mes, después de un mes sin verlo, el plazo fue indefinido.
Las primeras semanas se convirtieron en arduas torturas de orgullo. Hubiera resistido con más entereza, si mi moral acaeciera al primer sinvergüenza, pero no tenía a un sinvergüenza a la mano, sino a un hombre que con valor, más que vergüenza, me había pedido que me casara con él, si Alejandro me había pedido eso, no era conveniente siquiera tener sexo con él.
Pasaron ocho meses y en lugar de que mis labios se contrajeran, el abismo de mi vagina se hizo más profundo. Lo noté cuando no resistí más, toqué la puerta del departamento de Luis en pleno lunes a las diez de la noche. Admirado me ofreció sentarme y previendo cuál era el objetivo de mi visita, quiso tener un preámbulo social, que francamente me parecía innecesario.
Si no fuera tan cobarde, desde el primer paso en su casa y al oír cerrada la puerta, me abalanzaba sobre su cuerpo, pero opté por sentarme en el sillón, seguirle el juego de su afable cortesía, ¿debía creerle en su papel de hombre amable?, acepté un vaso con agua y lo vi tomar una copa de brandy con coca, sus ojos lo delataban, estaba drogado. Yo tenía meses de ascetismo, cero alcohol, de vez en cuando algún cigarro, ningún churro, ningún perico, sólo el maldito infierno de encontrar negativas razonables para decirle que NO a Alejandro, que comenzaba a fantasear con que yo fuera la madre de sus hijos.
Mis pensamientos eran claros, mi cuerpo estaba limpio; deseaba tener el sexo de Luis en mi boca, para que después me penetrara con la violencia que nunca utilizó pero con la que siempre fantaseaba. Su hablar era lento y su mirada turbia, no me preocupaban demasiado. Hacer que un hombre tenga una erección no me es labor difícil. Su misma naturaleza es previsible. Luis insistía en preguntar qué me había pasado. Le resultaba extraño que después de tantos meses yo lo buscase. Tendría que haberme pasado algo. No le dije nada, hasta después de unas cuantas venidas, horas de malabares en su cama individual, y por fin un mísero orgasmo de mi parte, mi nariz y oídos enfermos por la gripe de tres semanas atrás, se destaparon y pude confesárselo: Alejandro me golpeó.
¿Quién diablos era Alejandro? ¿Por qué me había golpeado?, fueron preguntas que no hizo, pero que noté a tientas en su rostro consternado. Yo nunca le conté algo de las personas con las que salía, él, en cambio si tenía la maña de platicarme sus conquistas y cómo se follaba a las mujeres, como si esos comentarios fueran advertencias claras, ‘no me interesa tener algo serio contigo: Mariana’.
Pero olvidando esas consignas que tiempo atrás me destrozaron el corazón, esta vez, necesitaba contarlo, necesitaba decírselo, ahora tendría que escucharme, porque no había afán de molestarlo o provocarle celos, era simplemente la confianza a la que había llegado, cuando se me hizo normal que él me platicara de sus aventuras, ahora yo quería que me escuchara con oídos amistosos, no miré su rostro, sólo hablé y hablé de lo que había ocurrido tiempo atrás, de la propuesta matrimonial, hasta que poco antes de que yo llegara a la explicación de porqué ese tal Alejandro me había golpeado, Luis interrumpió: ¡CALLATE Marian!, hasta ese entonces me di cuenta que la cara despreocupada e indiferente de Luis ya no era la misma de siempre. ¿Qué pasa?, pregunté, mientras me acercaba a dónde estaba sentado, sin preverlo, toqué sus rodillas, me incliné frente a él y cuando miré su ojos a punto de hacer brotar algunas lágrimas, alzó su brazo y me soltó una bofetada, del impacto di un breve salto hacía atrás, antes de que yo pudiera razonar lo que estaba pasando, Luis ya se había arrepentido, al instante él se dirigía hacia a mi para abrazarme y pedirme perdón, no pude pronunciar palabra del golpe, pero lo único que pude hacer fue resistirme a sus brazos, sentía el frío de piso, estaba desnuda, Luis comenzaba a lloriquear, y sus frases entrecortadas decían ‘perdóname’, cuando pude zafarme de su cuerpo corrí a buscar mi ropa, me vestí ante los intentos de Luis de abrazarme. Cuando terminé de vestirme, tenía tanta rabia que no podía siquiera decirle palabra para insultarlo, justo antes de salir del departamento, Luis me tomó de la cintura, lloraba como nunca imaginé verlo, y entre susurros me dijo al oído, ‘te has cortado el cabello’, me solté de su cuerpo, le azoté la puerta. No contesté a sus llamadas, evité verlo, borré sus correos antes de leerlos, y no volví a abrirle a la puerta de mi casa. Mi cabello creció de nuevo.

6 comentarios:

LA GUERA RODRIGUEZ dijo...

Me cuesta trabajo al leer sus ensayos, sus textos, sus post o como quiera llamarle, sin pensar en la persona que los escribe y a quien tanto aprecio y quiero.
No puedo decir simplemente: escribes chido. me gustó. me identifiqué, bla bla...
Porque ni me gustó ni me siento identificada =(

Solo espero que sea una exposición literaria...pero me gustaria decirle a "Mariana" que ojalá, todo fuera tan sencillo como que el cabello creciera de nuevo, y que espero que crezca la autoestima y el amor hacia ella misma para que no permita que la toquen de esa manera.

Besos mi Geisha...

Mar dijo...

Tu escrito me hizo tener esa horrible sensación que produce el desamparo.Cuando uno busca consuelo y encuentras más desavenencias.

Lo bueno aquí, para Mariana y otras mujeres es que tienen la entereza de zafarse de algo que podría convertirse en una situación cíclica. Siempre deberíamos tener la fortaleza para dejarnos crecer el cabello de nueva cuenta.

Geisha dijo...

Querida Mayte, recuerde, tengo declaradas pretenciones literarias, y la verdad me desquicia escribir cosas que suenen bonitas o agradables, no es mi estilo y usté mejor que nadie lo sabe, porque me ha leído todita. y bueno, si las hizo sentir horribles, eso quiere decir que voy por buen camino, porque las hago sentir.
No discutamos la autoestima de la pendeja de Mariana, porque eso es. Es un personaje simplemente, que tiene mucho de verosímil con todas las mujeres, en las que me incluyo, por supuesto.

Un saludo, Mar.

Clandestina dijo...

Lo confieso:
Me hace sentir...
cada una de las emociones que refleja en sus escritos...ensayos, recuerdos, vivencias, licencias literarias o lo que sea...
siento, gozo y sufro con sus escritos...

sexy dijo...

muy fuerte tu ensayo a veces me he sentido golpeada asi pero nunca fisicamente pero si e esntido los glpes.

- B.tO - dijo...

Sorprende lo que nos puede doler.

No diré mucho por riesgo a sonar estúpido pero realmente me encanta tu blog; lo he seguido por pocas semanas pero es una maravilla.

Gracias.